¿Por qué este blog?

Noviembre 2013

Hace justo un año  -después de meditarlo, hablarlo junto con mi marido y esperar al "mejor" momento- decidimos embarcarnos en la aventura de ampliar la familia.
Se supone que, por nuestros perfiles estadísticos, la cosa iría rodada; únicamente temía, siendo una persona nerviosa y yendo por aquel entonces bastante estresada por cuestiones laborales, tardar en quedarme embarazada. Hasta el momento éste no ha sido nuestro problema.
 
12 meses después seguimos en el punto de partida de nuestra cometida, incluso PEOR después de haber pasado durante este periodo por 3 abortos.
Nadie nos engañó, sabíamos que a veces pasan estas cosas pero, al igual que la mayoría de la gente, no tomas consciencia de la parte negativa hasta que te toca a ti y lo vives en tus propias carnes.
 
Así pues, un proyecto que empieza con los nervios y temores propios de la incertidumbre por los grandes cambios que conlleva esto, pero también con las ilusiones por vivir uno de los hechos más importantes en la vida de la pareja, se convierte en una pesadilla o, si lo preferís, en una lucha por ese taaan deseado bebé llena de miedos por lo acontecido con anterioridad, incapacidad de hacerse ilusiones ni tan siquiera a corto plazo, con más dudas por delante que certezas y con una pérdida total y absoluta de la tranquilidad -y si me apuráis de la ilusión- por lo que pueda quedar por delante de embarazo.
 
No busco ser una gurú en la materia, no prentendo aleccionar a nadie, solamente quiero poder ayudar, a través de mis vivencias, a aquellas personas que puedan estar pasando por lo mismo; hablar de pérdidas, de abortos, no se estila y hay quién por iniciativa propia o por el entorno más cercano prefiere incluso esconderlo -como si de una vergüenza se tratara- así pues, hay que recorrer a los post "malditos" de algunas comunidades online para hallar algo de consuelo, conocer vivencias muy similares y poder sonsacar algo de información, porqué sí, la desinformación, el no saber qué hay que hacer cuando te sientes perdida a todos los niveles ante un aborto, aún empeora la sensación de malestar, desesperación y tristeza. En ese momento no ves un futuro con final feliz.
Sé que para eso existen los especialistas, también sé, en primera persona, que se equivocan y no son ellos precisamente los que pagan las consecuencias, ni físicas ni psicológicas.
 
Hay que saber a qué puertas llamar en cada momento, y qué pedir en cada una de ellas; a mi me ha costado mi tiempo investigando, preguntando y pidiendo referencias, un tiempo que parece como si alejara la meta miles de kilómetros más allá.
Si  no luchamos por nuestra causa e insistimos, incluso a veces pidiendo salirnos de los protocolos aplicados por defecto que sabes que no serán para nada productivos, nadie lo hará por nosotros.
Ojalá pueda mi experiencia alentar o ayudar a quienes lo puedan necesitar.

Ester (Todo por un bebé)

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