Una vez fuimos novatos

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17/12/12
Lo recuerdo, aún con todo lo que vino después, como el día más feliz de mi vida después de nuestra boda. Supimos que después de sólo 2 meses buscando un embarazo -sí, es el único aspecto en el que somos afortunados- lo habíamos conseguido.
Con confianza os puedo asegurar que ha sido el único positivo que hemos vivido con una felicidad plena, quizá por la inocencia de los que no han pasado nunca antes por esto. Nos hicimos fotos con mi marido para guardar en el recuerdo lo que la pantalla digital mantendría solamente por 24 horas "Embarazada / 1-2 semanas".

Ya tendría que haber supuesto que la cosa tendría un mal final: las dos noches consecutivas a conocer la noticia, más o menos sobre las 2-3 de la madrugada, desperté con un dolor en el abdomen que ni en mis peores periodos he padecido, siendo en la segunda noche cuando más me asusté, pues conozco de hace años cómo es el dolor de una menstruación pero eso no se le asemejaba para nada; era como si me hubieran clavado un puñal -aunque por suerte eso tampoco lo he vivido, pero lo imagino- acompañado de unos sudores fríos y un malestar que me llevaron a despertar a mi marido (cosa que nunca hago porqué soy de las que piensa que "ya se pasará") en previsión a salir corriendo a urgencias. Finalmente remitió, lo dejamos correr pensando que quizá por implantación, acomodación del útero o lo que fuere sería lo normal.

24/12/12
Nochebuena. Toda la familia reunida. Novatos. Ilusionados a la par que inconscientes. Decidimos contar a todos la buena nueva, darlo a conocer sería el mejor regalo que podríamos dar a futuros abuelos y tíos.
Aún recuerdo a mi marido diciendo "Familia, os tenemos que decir que nos ha tocado el Gordo...¡estamos embarazados!" No se ha vuelto a repetir el poder dar una noticia sabiendo que el sentimiento posterior es el de felicidad y alegría en vez del de preocupación o tristeza.

31/12/12
Despedimos mal el año. Esa tarde, después de una breve siesta, pues me dormía por los rincones, empecé a tener pérdidas color café. El susto fué inevitable, la reacción immediata: nos fuimos a urgencias (aún no había tenido mi primera cita con mi ginecólogo).
Érase una vez la contradicción: SIEMPRE dicen que si tienes pérdidas vayas a urgencias, entonces ¿POR QUÉ cuando vas te miran cual histérica hiponcondríaca haciéndote sentir que has ido por una tontería?
Mi padre es médico, si el no lo hubiera creído necesario seguro que sería el primero en quitarme de la cabeza la idea de "perder" una tarde entera en urgencias de una clínica.

Diagnóstico: Cálmate (claaaro, fácil de decir...pero a ver si ellos también se lo aplican cuando algo les afecta). Por el momento solamente se ve el saco -sin embrión- pero como hay manchado existe amenzada de aborto (fué mi primer contacto con esta palabra que me pone los pelos de punta), así que descanso y reposo relativo. Quizá estás de menos de lo que piensas (otra frase que pasará a los anales de mi vida por repetirse más que el ajo y por ser la primera excusa que he escuchado cuando las cosas se han torcido, pues no eres nuestro caso en concreto).

1/1/13
Entramos peor el año, un año marcado por el gafe de pertenecer al lado de la estadística menos probable y más negativo. Porqué sí, el gafe en los abortos existe, pero existe por eso, por el hecho que te toque a ti en vez de a la vecina del quinto; un aborto NO ha sido mala suerte, ha sido debido a algo. La "mala suerte" es el comodín del que no sabe o no tiene interés en saber, pensándose que la persona que tiene delante es tonta y se va a creer a pies juntillas taaan pobre excusa. Lo siento, no es mi caso.
A las 12 de la noche, así que más bien era día 2, tras volver a urgencias por empezar con manchado de sangre roja, me dan -"me" porqué no dejaron entrar a mi marido conmigo- un nuevo diagnóstico con la misma sensibilidad y tacto que tendría un papel de lija: ESTÁS ABORTANDO. Simplemente tenía que esperar a que mi cuerpo acabara lo que aparentemente había empezado.
Lloré. Lloré tooodo el trayecto a casa, lloré toda la noche hasta que el cansancio me hizo caer rendida. Sí, porqué por mucho que haya gente que se emperre en lo contrario, llorar es bueno, es necesario, y nadie tiene derecho a reprimir la pena, por poco tiempo de embarazo que se tuviera, pues las ilusiones te las acaban de arrancar y echar por el retrete.

2/1/13
Nos montamos en una montaña rusa. 12 horas después que nos dijeran que estaba abortando me visitó mi médico, pues a primera hora de la mañana le localicé para exponer los hechos y me mandó ir a su consulta de inmediato.
"El saco no está roto, no se ve despegado, no se ve aún embrión pero no estás abortando, las pérdidas no son buena señal pero son habituales en algunos casos"
¿Río? ¿Lloro? ¿Salto de alegría? ¿Me reprimo para que el tortazo final sea más suave? La verdad es que en momentos así hay quien se aferra a la esperanza -véase mi marido y familia- y quien por su tendencia a ver el vaso medio vacío - o sea, yo- y por no reaccionar ante tal choque de sentimientos, se queda que no siente ni frío ni calor, perdido sin saber a qué aferrarse.

8/1/13
Se acabó. Ya no hubo tiempo a otro diagnóstico, a otro choque de emociones, simplemente mi cuerpo se pronunció, dejando las medias tintas a un lado, empezando a tener pérdidas como si de un periodo normal se tratara. Decidimos, habiéndolo notificado al ginecólogo, hacer un tratamiento expectante, pues el cuerpo es más listo de lo que nos pensamos y tiene sus propios recursos y lenguajes, sólo que a veces no lo sabemos interpretar.

10/1/13
Después de muuuchos dolores la historia se remata con un legrado.
Bienvenidos a una nueva etapa donde ya le hemos visto las orejas al lobo pero aún queda la cultura popular a la que aferrarse, la cual dice que "es que muchas veces el primero se pierde".

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