Unas escaleras llamadas infertilidad

21:57

Ayer antes de acostarme encontré una fotografía en el móvil, de las tantísimas que tengo en él, que no solamente me gustaba por lo que era sino por el significado que podía tener.
La foto en cuestión es esta que os comparto a continuación.
 
 
Pues bien, podéis ver que hay una escalinata central adornada con todo de bonitos surtidores de agua a lado y lado y flanqueada por unos árboles preciosos en plena floración primaveral. Yo veía gente que la subía con facilidad pero yo también las he subido en alguna ocasión y, os puedo asegurar, que he llegado resoplando (en parte por mi pésima resistencia física, que no mental).
 
Vamos a poner nombre a esas escaleras, vamos a llamarlas infertilidad; la meta, llegar arriba, podría ser perfectamente lograr ser madre.
Pues bien, de la misma forma que hay gente que logra subir esas escaleras sin demasiado esfuerzo hay quienes logran ser padres sin a penas problemas, complicaciones o sobresaltos. Otros, como nosotros, como yo, empezamos a subir esas escaleras habiendo visto qué fácil resultaba a los demás y, erróneamente, pensamos que correremos la misma suerte, ¡¡¡PUES NO!!! Yo, por una razón que no me ha sido explicada aún, empiezo a padecer cuatro jamacucos y tengo que parar, DEBO parar, mientras otras personas que han empezado después me toman ventaja.
Mi obsesión por llegar arriba de todo o, mejor dicho, mi fijación hace que en ningún momento del trayecto, con sus correspondientes paradas, haya saboreado lo que me rodeaba, haya apreciado lo bonito que hay a mi alrededor, haya disfrutado del recorrido hecho.
 
Siento como si a cada escalón que subo se añadieran diez más y se alejara otro tanto la tan ansiada meta; solamente puedo hacer que mirar al frente, ¡y eso está bien! Sé que puedo alcanzar la meta, lo que no esperaba es que requiriera un esfuerzo de tales proporciones y me pusiera física y mentalmente a prueba.
Cuando miro hacia atrás, cuando me da por girar la cabeza y ver los escalones subidos, no pienso "¡ya he recorrido todo esto!" sino "he avanzado muy poco..." y no debiera de ser así. Mi "escalada" es con un lastre de 200 kilos, los otros que suben no lo llevan, así que por poco que crea haber avanzado supone mucho teniendo en cuenta que jugamos con desventaja.
Debo regular mis fuerzas, mi energía, cambiar el cristal a través del que veo las cosas e ir cambiando el filtro negativo por el positivo, porque a mi alrededor siguen pasando cosas buenas, siguen habiendo cosas bonitas, ¡y hay que tomar consciencia de ello!
 
Si tuviera que ubicarme en estas escaleras no sé donde debería situarme, ¿quizá en el último escalón? ¿a medio camino? ¿o yendo cuesta abajo y pensando que llegué muy lejos aunque el camino no fuera el mío? Ojalá pronto sepamos la respuesta.

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2 comentarios

  1. Madre mía, ufffff, que reflexiones, como me haces pensar. Así me siento yo muchas veces ( ni muchisimo menos me comparo contigo), hoy es un día de esos. No sé si seré capaz de volver a estar embarazada, recordando mi historia en el blog, me están volviendo los miedos. Animo, por lo poco que se de ti creo , de verdad, que llegarás al final y además miraras el paisaje.

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  2. Pues yo te voy a dejar aqui una historia que seguro que te da fuerza: EL GUSANO Y LA FLOR

    "Había una vez un gusano que se había enamorado de una flor.
    Era por supuesto, un amor imposible, pero el insecto no quería seducirla ni hacerla su pareja. Ni siquiera quería hablarle de amor. El solamente soñaba con llegar hasta ella y darle un beso. Un solo beso.
    Cada día y cada tarde el gusano miraba a su amada cada vez más alta, cada vez más lejos. Cada noche soñaba que finalmente llegaba a ella y la besaba.
    Un día el gusanito decidió que no podía seguir soñando cada noche con la flor y no hacer nada para cumplir su sueño. Así que valientemente avisó a sus amigos, los escarabajos, las hormigas y las lombrices que treparía por el tallo par besar la flor.
    Todos coincidieron en que estaba loco y la mayoría intentó disuadirlo, pero no hizo caso, el gusano llegó arrastrándose hasta la base del tallo y comenzó la escalada. Trepo toda la mañana y toda la tarde, pero cuando el sol se ocultó sus músculos estaban exhaustos. "Haré noche agarrado del tallo, pensó, y mañana seguiré subiendo" "Estoy más cerca que ayer", pensó aunque sólo había avanzado 10 centímetros y la flor estaba a más de un metro y medio de altura. Sin embargo, lo peor fue que mientras el gusano dormía, su cuerpo viscoso y húmedo resbalo por el tallo y a la mañana el gusano amaneció donde había comenzado un día antes. El gusano miró hacia arriba y pensó que debía redoblar los esfuerzos durante el día y aferrarse mejor durante la noche. De nada sirvieron las buenas intenciones. Cada día el gusano trepaba y cada noche resbalaba otra vez al suelo. Sin embargo, cada noche mientras descendía sin saberlo, seguía soñando con su beso deseado. Sus amigos le pidieron que renunciara a su sueño o que soñara otra cosa, pero el gusano sostuvo con razón que no podía cambiar lo que soñaba cuando dormía y que si renunciaba a sus sueños dejaría de ser quien era. Todo siguió igual durante días, hasta que una noche.......Una noche el gusano soñó tan intensamente con su flor, que los sueños se transformaron en alas y a la mañana el gusano despertó mariposa, desplegó las alas, voló a la flor y la besó".
    (Jorge Bucay)

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